Wednesday, September 09, 2009

Una esperanza para católicos y musulmanes.


Acabo de regresar de una estancia en el Líbano. Y me parece que vale la pena reflejar, al menos en parte, una experiencia vivida allí.

El resumen es que aquella tierra, puerta y encrucijada de Oriente Medio, constituye una esperanza firme de que cristianos y musulmanes pueden vivir juntos.

Algo que no ocurre, a causa del fanatismo, en naciones como Arabia Saudita, por citar el caso que considero más escandaloso, dada también la tolerancia cómplice con que Occidente mira a ese país.

La primera sorpresa, ya en el aeropuerto, fue ver a muchas personas, hombres, mujeres y niños, con aspecto y rasgos árabes, luciendo en el pecho, a la vista, crucifijos y medallas. Sorpresa para un español y europeo que ya con dificultad presencia algo semejante en tierra propia.

Luego, preguntas, lees, visitas, y te enteras de que en el Líbano la convivencia religiosa es total y pacífica desde hace mucho. Por añadir un dato técnico: la actual constitución reconoce oficialmente dieciocho confesiones religiosas, musulmanas, cristianas… e incluso la judía.

Pero no es solamente una frase en un texto legal. La realidad es que conviven todas esas creencias, sin que se aprecien síntomas de recelo, rechazo o enemistad.

Otro síntoma. Cerca de Beirut, en un alto, se levanta el santuario de Harisa, coronado por una monumental imagen de Nuestra Señora Reina del Líbano. Y llama la atención ver en el recinto mujeres cubiertas de pie a cabeza por su túnica negra, es decir, musulmanas observantes, que acuden allí para rezar a la Virgen.

Lo mismo que sorprende divisar, aquí y allá, un campanario, una iglesia cristiana, una cruz en un cerro, o multitud de pequeñas hornacinas con imágenes de santos por los caminos y a la puerta de las viviendas. O escuchar el sonido de las campanas llamando a misa. Lógicamente, ocurre sobre todo en las zonas más cristianas.

El Líbano ha sido, históricamente, tierra de acogida, singularmente de cristianos que huían de regiones ocupadas por los musulmanes. No hace mucho, representaban el 55 por ciento de la población. Las últimas guerras han provocado huídas, y ahora se calcula que son el 35 por ciento.

Son libaneses, viven como tales, trabajan en su tierra, y se comportan como cristianos, con la mayor normalidad. No es extraño subir a un autobús y ver que el conductor lleva al lado un folleto con la imagen del Papa. Sin que nadie se extrañe o le diga nada.

Lo mismo que se divisa por la calle a musulmanes observantes, con sus cuentas en la mano, y por todas partes pueden verse mezquitas y minaretes. Y, en las zonas más musulmanas, se escucha tres veces al día la llamada a la oración. Los hay que son chiitas, otros sunitas…

Es normal contemplar, en grupos de jóvenes, a muchachas que tapan su cabeza y su cuerpo al estilo musulmán, al lado de otras que visten a la europea, con el cabello al aire y ropas occidentales. Y son amigas que se divierten juntas, porque así lo han vivido desde pequeñas.

Las últimas y terribles guerras que ha sufrido el Líbano no tuvieron origen en enfrentamientos religiosos. Se han debido al problema palestino. A la presencia irregular (y no reconocida) de varios cientos de miles de refugiados, que habitan en campamentos aislados, convertidos en guetos insoportables donde se cuecen día a día los nuevos terroristas porque son jóvenes sin futuro.

La principal amenaza es la presencia de los palestinos, aglutinados y comandados sobre todo por Hamas. Y con Hezbolá por medio, constituido en un país dentro del país, hasta con sus propias “fuerzas armadas”.

El Líbano, en fin, es un país de esperanza que debe tener futuro. La esperanza de comprobar que los musulmanes conviven en paz con gentes que ni creen ni piensan igual, pero que no por eso son considerados enemigos. La esperanza de ver que allí los cristianos árabes son capaces de vivir sin complejos sus creencias.

José Apezarena

Wednesday, October 22, 2008

LÍBANO, PIEDRA CLAVE DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ EN ORIENTE PRÓXIMO


Siria vuelve al escenario internacional y abandona la marginación que tenía por su alianza histórica con la república iraní. La Francia de Sarkozy se coloca la medalla de ejercer de primera potencia del Mediterráneo, desplazando a unos EEUU poco queridos en la región. Sin embargo el Líbano, un país que por su pluralidad podía ser ejemplo de convivencia, y que fue modelo de estabilidad política y puente entre occidente y oriente, no termina de volver a la normalidad. El acuerdo firmado en Qatar entre el gobierno y la oposición, puso una paz momentánea y proporcionó la elección de un presidente, que estuvo estancada durante meses. La elección de presidente en la figura del general Sleiman, subrayó el papel del ejército como una de las pocas instituciones neutrales del país. Sin embargo, el acuerdo no resuelve ninguno de los problemas yacentes en la pequeña nación del cedro. La sociedad pluri-religiosa libanesa, sigue dividida en dos peligrosos bloques, donde la influencia de Siria-Irán y Arabia Saudita-EEUU juegan sus bazas estratégicas sin importarles el futuro del país.

Por un lado, Hezbollah junto a Amal controlan la comunidad chií. La comunidad chiíta tiene una fuerte demografía, que provoca una fuerte emigración del campo a las ciudades, sin escuelas, ni centros sanitarios; el resentimiento es cada vez mayor entre los jóvenes contra la oligarquía sunnita. Son detalles que han ayudado a que los sectores populares del sur de Beirut, del valle de la Bekaa y del sur del país, vean con simpatía la reislamización. El partido de Dios, la formación política tradicional que fundó el Iman Mussa Sadr, desaparecido en un viaje a Libia, proporciona prestaciones sociales, sanitarias y escuelas, que han sido financiadas por Irán. En definitiva es un estado dentro de otro, donde el ejército no tiene fuerza para dominar la situación. Además su líder, Hassan Nasrallah puede atribuirse unos méritos militares únicos. En 1983 expulsaron a los occidentales del Líbano tras los atentados que costaron la vida a 251 marines norteamericanos y 58 legionarios franceses. En el 2000, Israel se retiró del sur del Líbano, sin ninguna contraprestación política. Pero después de haber perdido 800 hombres en la lucha guerrillera emprendida por los chiítas. Desde entonces Hezbollah se ha convertido en el símbolo del orgullo musulmán.

Entretanto, los cristianos se encuentran divididos buscando su supervivencia. La falta de unidad entre los cristianos es una de las claves determinantes para un futuro en paz. Los cristianos conforman el elemento identitario principal de la pequeña nación libanesa, muy vinculados con Europa a través del Mediterráneo. La desaparición de la presencia cristiana en Líbano señalaría la imposibilidad de convivencia entre cristianos y musulmanes, y el fin del único modelo parlamentario árabe en Próximo Oriente.

La extensa pluralidad religiosa y cultural del Líbano ha provocado una manipulación de las cifras reales de su población. La razón de todo ello procede del reparto del poder entre las diversas comunidades. El presidente de la república es un maronita, el presidente del gobierno un sunita, el presidente del parlamento un chiíta, y así sucesivamente. Pero las comunidades han variado su demografía y especialmente la chiíta es la más reivindicativa. Aunque los acuerdos de Taif marcaron una reforma que dividía a 50 % la representación parlamentaria entre cristianos y musulmanes, las tensiones por la manipulación de las cifras subsisten. Según el listado de ciudadanos inscritos en el año 2000, en el ministerio del Interior libanés para obtener el derecho a votar. Los ciudadanos votantes eran 2.649.121 ciudadanos, la población total estaría en 3.800.000. Divididos en comunidades serían: Alawitas, 18.491; armenios católicos, 19.392; armenios ortodoxos 89.649; asirios, 2.120; caldeos, 2.893; chiítas, 638.313; coptos, 83; drusos, 151.971; greco-católicos, 146.644; greco-ortodoxos, 226.488; judíos, 5.956; católicos romanos, 11.333; maronitas, 606.553; protestantes, 18.230; sunitas, 674.571; sirio-católicos, 10.076; sirio-ortodoxos, 14.596. Entre las quejas de los cristianos estarían las nacionalizaciones concedidas bajo dominio sirio de unos 300.000 sunitas sirios, egipcios y palestinos. Por tanto, la comunidad mayoritaria sería la sunita con el 25,4 %; le seguiría la chiíta con el 24,1 %. Por parte cristiana, los maronitas serían el 22,9 %, que junto al 8,5 % de los greco-ortodoxos y comunidades menores, obtendrían en conjunto una presencia del 43,3 % de cristianos. El mayor porcentaje de población cristiana en una nación árabe, algo muy provocativo para el islamismo radical.

En el caso concreto de los maronitas del Líbano que rastrean sus orígenes hacia finales del siglo IV, cuando un grupo de discípulos se congregó en torno a San Marón. Desde la independencia de 1944, los franceses garantizaron la hegemonía maronita, mediante el reparto de poderes entre las diferentes comunidades, quedando la presidencia republicana en manos maronitas. La guerra civil de 1975 provocó un fuerte exilio cristiano y la caída del orgullo maronita. En el momento actual, las diferentes comunidades cristianas necesitan mantener una unidad de acción que preserve su presencia intelectual y demográfica en un país, que hace todavía pocos años eran el único con mayoría cristiana de la región.

Saturday, May 24, 2008

Líbano, un nuevo éxodo cristiano


Juan L. Vázquez/Alfa y Omega) Lo dijo el Papa Juan Pablo II al visitar el país en mayo de 1997, hace ahora once años: «Líbano es más que un país, es un mensaje para el mundo». Hoy, este mensaje se confunde entre enfrentamientos, odios y divisiones, y la paz parece un deseo fuera de lugar, tan lejana como el exilio al que muchos libaneses se han visto empujados durante años
«La tierra está en duelo, languidece; el Líbano está ajado y mustio»: nunca como hoy parece tan acertada esta profecía de Isaías que recoge la Sagrada Escritura. El país del cedro, famoso en la antigüedad por la belleza de sus bosques y la calidad de sus maderas, es hoy una nación cansada, que mira hacia atrás y sólo percibe el humo de las bombas y el sonido de los disparos. El último episodio del conflicto que desangra al Líbano desde hace décadas se vivió hace apenas dos semanas, cuando, en medio del vacío presidencial que está debilitando al país desde el pasado noviembre, el Gobierno decidió desmantelar la red de comunicaciones de Hezbolá, verdadero foco de poder en la sombra. Y es que la organización chií es un verdadero Estado dentro del Estado, con su propio ejército y un gran predicamento entre la población civil por su labor social de apoyo a los más desfavorecidos -no en vano, Hezbolá está financiada por Siria e Irán-. Las consecuencias no se hicieron esperar; milicianos armados se desplegaron por toda la ciudad de Beirut, cerraron la emisora de televisión del Gobierno y demostraron quién es realmente quien manda en el país. El resultado: varias decenas de muertos y cientos de heridos. Más sangre, una vez más.
Líbano es un auténtico puzzle, y no es posible componerlo sin conocer hasta qué punto la religión está implicada en la vida civil. La religión mayoritaria es el Islam (donde la mayoría son chiíes), pero existe un importante grupo cristiano -compuesto por maronitas, ortodoxos y una minoría de católicos- y druso. Paradójicamente, de los estragos de los últimos disturbios se han visto librados los cristianos, porque el maronita Michel Aoun, líder del Movimiento Patriótico Libre, está junto a los chiíes de Hezbolá y en contra del actual Gobierno. Los barrios cristianos han quedado al margen de las batallas, pero todo este sistema de alianzas ha aumentado la división en el mismo seno de los cristianos: unos están con él, mientras que otros están con el Gobierno. Para dar salida a esta situación, y para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la situación del Líbano, el Patriarca de los cristianos maronitas, el cardenal Nasrallah Sfeir, está realizando una gira internacional por distintos países. Ya se ha reunido con el Presidente de Estados Unidos, George Bush, y con el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, y tiene previsto visitar España en unos días. Y es que, en Líbano, política y religión están muy imbricadas. Los religiosos hacen política, y los políticos hablan de religión. Es algo que está presente en todas partes. La religión de cada cual queda registrada hasta en el carnet de identidad.

Es muy difícil vivir así
Pero el dato más llamativo es que la mayoría de los libaneses vive en el extranjero; hay más libaneses viviendo fuera que dentro. Y es que a los periódicos derramamientos de sangre que sufre el país se suma una imparable sangría demográfica. Los que más sufren este exilio son los cristianos. Se calcula que más de la mitad de los emigrantes son cristianos. Nayla es una de ellos. Esta mujer libanesa, que lleva diez años viviendo en España después de haber pasado por otros países, afirma hoy que, «en 1943, el año de nuestra independencia, los cristianos maronitas eran mayoría en el Líbano, pero la mayor parte de los que han emigrado son cristianos. ¿Por qué? Imagínate viviendo en un entorno musulmán radical, con Siria a un lado, con la guerra con Israel, con muchos palestinos llegando cada vez en mayor número a Líbano... Es muy difícil vivir así. Por eso, el cristiano, que es más europeo, puede emigrar a cualquier país del mundo; así, cuando ve que el integrismo aumenta, entonces se marcha, porque entre suníes y chiíes, y con tanta violencia, los cristianos nos encontramos como perdidos. Muchísimos cristianos están dejando el país desde hace años. Sólo quedan las personas que no pueden salir, los que no tienen cultura, los mayores..., y un país no se construye de este modo. Hablo con cualquier persona por Internet, y su único deseo es irse lo antes posible. Hablan de irse a Australia, a Estados Unidos, a Canadá...»
Sin embargo, la esperanza y la fe nunca se pierden. Dice Nayla que, aun así, «los cristianos en el exilio no perdemos nuestra fe. Hay iglesias maronitas en muchos países del mundo, y hay reuniones de cristianos libaneses, que en el extranjero nos mezclamos unos con otros. No hay las divisiones que existen dentro del Líbano». Quizá por eso resuene con mayor fuerza esa otra profecía de Isaías: «¿Acaso no falta sólo un poco para que el Líbano se convierta en vergel, y el vergel se considere una selva?» Ojalá sea así. Dios lo quiera.

Thursday, May 22, 2008

Líbano, clave de la paz



El acuerdo firmado en Qatar entre el gobierno
y la oposición, pone paz en un momento
delicado. La elección de presidente en la figura
del general Sleiman, subraya el papel
del ejército como una de las pocas instituciones
neutrales del país. Sin embargo, el acuerdo
no resuelve ninguno de los problemas yacentes
en la pequeña nación del cedro. La
sociedad pluri-religiosa libanesa, ejemplo de
convivencia, sigue dividida en dos peligrosos
bloques, donde la influencia de Siria-Irán y
Arabia Saudita-USA juegan sus bazas estratégicas
sin importarles el futuro del país.
Por otro lado, Hezbollah junto a Amal
controlan la comunidad chií. La comunidad
chiíta tiene una fuerte demografía,
que provoca una fuerte emigración del
campo a las ciudades, sin escuelas, ni centros
sanitarios; el resentimiento es cada
vez mayor entre los jóvenes contra la oligarquía
sunnita. Son detalles que han
ayudado a que los sectores populares del
sur de Beirut, del valle de la Bekaa y del
sur del país, vean con simpatía la reislamización.
El partido de Dios proporciona
prestaciones sociales, sanitarias y escuelas,
que han sido financiadas por Irán. En
definitiva es un estado dentro de otro,
donde el ejército no tiene fuerza para dominar
la situación.
Entretanto, los cristianos se encuentran
divididos buscando su supervivencia. La falta
de unidad entre los cristianos es una de las
claves determinantes para un futuro en paz.
Los cristianos conforman el elemento identitario
principal de la pequeña nación libanesa,
muy vinculados con Europa a través del
Mediterráneo. La desaparición de la presencia
cristiana en Líbano señalaría la imposibilidad
de convivencia entre cristianos y musulmanes,
y el fin del único modelo parlamentario
árabe en Próximo Oriente. Líbano
es uno de los engarces culturales que comunica
Occidente y Oriente, su desmembración
o satelización por uno de sus vecinos,
ayudaría a la incomunicación de nuestras
culturas. Por eso se hace necesaria una estrecha
relación con la Unión Europea.



Jose Luis Orella.

Tuesday, May 06, 2008

El martirio de los cristianos libaneses


El Líbano es el país con mayor porcentaje de población cristiana, algo muy provocativo para el islamismo radical. Por esta razón, el Líbano se ha convertido en el objetivo principal para ir reduciendo la presencia cristiana

Los maronitas del Líbano rastrean sus orígenes hacia finales del siglo IV, cuando un grupo de discípulos se congregó en torno a San Marón, y dieron un fuerte apoyo a la doctrina cristológica emanada del Concilio de Calcedonia.

Cuatro siglos más tarde, los monjes se trasladaron junto a un grupo de sus seguidores a la región montañosa del Líbano, donde permanecieron en aislamiento.

En el momento actual, la organización de la Iglesia en rito maronita tiene 10 diócesis, con 770 parroquias, un Seminario Patriarcal en Ghazir, y un seminario diocesano en Karm Sadde, cerca de Trípoli. La educación teológica se da en la Universidad del Espíritu Santo en Kaslik. Entre el exilio, Líbano, Siria y Chipre, los maronitas son 3.222.000 fieles en todo el mundo.

La extensa pluralidad religiosa y cultural del Líbano, un país que fue denominado la Suiza de Oriente, se encuentra en peligro.

Los maronitas conforman parte de la identidad del Líbano, y el núcleo de la cristiandad de la nación del cedro.

Según los chiítas, los cristianos habrían perdido su hegemonía hasta el 25 %, siendo musulmanes un 75 % y de ellos el 50 % chiíta.

Sin embargo, según el listado de ciudadanos inscritos en el año 2000, en el ministerio del Interior libanés para obtener el derecho a votar la población total estaría en 3.800.000. La comunidad mayoritaria sería la sunita con el 25,4 %; le seguiría la chiíta con el 24,1 %. Por parte cristiana, los maronitas serían el 22,9 %, que junto al 8,5 % de los greco-ortodoxos y comunidades menores, obtendrían en conjunto una presencia del 43,3 % de cristianos.

El Líbano es el país con mayor porcentaje de población cristiana, algo muy provocativo para el islamismo radical. Por esta razón, el Líbano se ha convertido en el objetivo principal para ir reduciendo la presencia cristiana.

Además la unidad del país, depende de la propia unidad de los cristianos. Un Líbano con una cristiandad dividida y en decadencia, entregaría sin remisión a la nación del cedro a las manos de sus vecinos sirios.

·- ·-· -······-·
José Luis Orella

Thursday, February 07, 2008

Beirut, otra vez


La Vanguardia
Tomás Alcoverro
05/02/08

En la misma larga calle -la antigua carretera de Saida - que separa los barrios populares chíi y cristiano de Beirut, que fue frontera, frente militar, de la "guerra de quince anos" de 1975 a 1990, tuvieron lugar la pasada semana los enfrentamientos de muchachos chiís que protestaban por las penurias de electricidad y soldados del ejército de la República que dispararon sobre los manifestantes provocando la muerte de nueve de ellos.

El escenario de este gravísimo episodio, en plena crisis política que impide la elección de presidente de la República, ha conmovido a los libaneses, reavivando temores de un nuevo conflicto civil armado.

Además la iglesia de Mar Mikail frente a la que los "chebab", muchachos del barrio de Chiah, hostigaron a la tropa y empezaron a cruzarse los mortíferos disparos entre uno y otro bando, fue donde se había firmado, hace meses, la polémica "entente" del secretario general de Hizbulá, jeque Nasrallah y el general Michel Aoun, al mando de la" corriente patriótica" cristiana aliada con las fuerzas de la oposición al gobierno de Fuad Siniora apoyado por musulmanes sunís, drusos y otros grupos de la comunidad maronita.

Este paraje urbano en el linde de Chiah y Ain Remaneh, entre el oeste y el este de la ciudad, de latente memoria, es muy simbólico en la historia libanesa. Fue en Ain Remaneh donde un mes de primavera de 1975, empezó la guerra al ametrallar los milicianos cristianos del "Kataeb" un autobús matando a veintisiete de sus ocupantes palestinos. Ahora no hay combatientes palestinos en Beirut pero en Ain Remaneh, se ven carteles y emblemas de las "Fuerzas libanesas" de Sami Geagea, herederas del "Kataeb", y en el fronterizo barrio de Chiah, las organizaciones del Hizbulá y de Amal cuentan con muchos partidarios y despliegan sus banderas y pancartas.

La muerte de uno de los jefes locales de "Amal" herido en la espalda por una bala cuando trataba de calmar a los manifestantes, exacerbo el enfrentamiento callejero. Fue por la penuria de suministro de electricidad en los barrios y suburbios chíis que se organizó la manifestación.

El racionamiento y cortes de fluido eléctrico agravados por la lluvia y las nevadas hacen mella en la vida cotidiana de todos los libaneses. Recién desembarcado en Beirut, el aeropuerto internacional se oscureció de repente debido a esta penosa situación. Mientras las fuerzas de la oposición acusan al ejército y afirman que francotiradores de Sami Geagea, apostados en las azoteas de Ain Remaneh, dispararon a los manifestantes, el gobierno y sus partidarios aseguran que hubo un tiroteo incontrolado y que fueron los jefes de Hizbulá y de "Amal" los que echaron a la calle a los jóvenes para desafiar su autoridad. Han sido emprendidas dos investigaciones oficiales, y en una de ellas se establece que no hubo francotiradores y que el proyectil que mató al jefe de "Amal" no era del calibre que utiliza la tropa...

Los incidentes del "domingo negro" han comprometido al Ejército que hasta ahora había podido mantener su neutralidad en medio de todos los enfrentamientos de los últimos tres años, y había salido bien parado del ambiente de progresiva putrefacción en que se hunde el país. La candidatura de su comandante en jefe, el general Michel Suleiman, que pretendía ser una candidatura de consenso, ha quedado socavada. Desde hace casi tres meses el Líbano no tiene Jefe de Estado.

Thursday, January 17, 2008

Líbano, el patriarca se moja


Después del enésimo aplazamiento de las elecciones presidenciales en el Líbano, el patriarca maronita Nasrallah Sfeir (en la foto) ha lanzado un llamamiento al país para salir de la crisis. El cardenal ha advertido a los libaneses para que sientan la responsabilidad de tomar en primera persona las decisiones que atañen a su futuro. "No podemos dejar que los demás realicen nuestras aspiraciones. La gente nos ayuda, pero realiza sobretodo sus intereses", dijo.

Las palabras del patriarca, publicadas en la agencia AsiaNews, llegaron un día antes que la dura declaración del presidente egipcio Hosni Mubarak en las que aseguró que los árabes se "lavarán las manos" del problema libanés si no se escucha la iniciativa de la Liga Árabe para resolver la crisis creada tras la renuncia del presidente prosirio Émile Lahoud, el pasado 23 de noviembre.

Las nuevas elecciones han sido fijadas para el próximo 21 de enero, veremos a ver qué pasa; sobre todo, también por nuestras tropas, desplazadas hasta la región para garantizar la paz en la zona.¡Ánimo, chicos!

Monday, June 11, 2007

Visita del general libanés Michel Aoun al Vaticano

Entrevista con el candidato a la presidencia del Líbano
ROMA, domingo, 10 junio 2007 (ZENIT.org).-
El general Michel Aoun, líder militar y político libanés, visitó esta semana pasada el Vaticano para entrevistarse con el arzobispo Dominique Mamberti, secretario de Estado de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados.Nacido en 1935, desde que regresó a su país en el año 2005, tras 15 años de exilio en París, se ha convertido en uno de los protagonistas del agitado panorama político libanés. Candidato a la presidencia, actualmente, dirige el Movimiento Patriótico Libre, uno de los partidos políticos en la oposición.
Esta fue la entrevista que concedió a Zenit.
--General, usted es jefe del mayor bloque parlamentario con mayoría cristiana árabe. ¿Qué significa para usted su visita al Vaticano?
--M. Aoun: Para mí, el Vaticano es la referencia espiritual suprema en el seno de la Iglesia católica. Podemos también decir que es una autoridad moral importante en el conjunto del mundo cristiano, católico o no católico. Las posiciones del Vaticano tienen influencia a nivel ético y moral. Y nosotros, en cuanto maronitas, formamos parte del mundo católico. Cuando el Líbano pasa por crisis o pruebas, consideramos que es importante informar a los responsables en el Vaticano de la situación en curso, dado que la imagen mediática difundida refleja antes los intereses de quienes la producen que la realidad de lo vivido por los ciudadanos del pueblo liban&eacu te;s. De ahí la importancia de venir en persona, de dialogar y de discutir con los responsables (del Vaticano) para esclarecer esta imagen. Ciertamente, nos entrevistamos con personas dotadas de sentido crítico y capaces, por tanto, de discernir lo verdadero de lo falso. Esto permite que las tomas de posición de la Iglesia ya sean posiciones morales, consejos u otra cosa, sean más útiles y más objetivas.

--Tras su larga experiencia de fe, ¿es posible hablar de la cristiandad árabe? ¿Se puede decir que existe?
--M. Aoun: La cristiandad árabe es una de las primeras formas de cristiandad que se expandió en la península árabe, en Mesopotamia y hasta los confines de la India. El norte de Siria conserva una multitud de vestigios cristianos que todavía se pueden ver hoy y la historia árabe escrita muestra que los cristianos estaban m uy extendidos. Sólo queda una parte mínima de cristianos árabes pero, históricamente hablando, éstos estaban presentes en toda la península árabe.

--¿Cuál es el papel de los cristianos árabes de nuestro días?
--M. Aoun: Los cristianos del Líbano agrupan a maronitas, greco-ortodoxos, greco-católicos y otras confesiones. Sin contar que hay cinco patriarcas que llevan el título de «patriarcas de Antioquía». Todos sabemos que de Antioquía partieron los primeros cristianos y la Buena Noticia. En mi libro, he evocado la presencia cristiana en Oriente, nuestras raíces históricas y el hecho de que no somos emigrantes sino habitantes autóctonos establecidos en Oriente 662 años antes del nacimiento del Islam. Hay algo de confusión entre los occidentales sobre lo que entienden por árabe. Todo lo que es árabe no es necesariamente musulmán. Lo árabe, en cuanto raza, engloba todas las religiones. En cuanto a la civilización árabe, son los cristianos los que más han trabajado para mantenerla y los que han conservado la lengua árabe. Ellos estaban entre los escribanos más ilustres e incluso en el tiempo del Califato, los poetas de la corte eran cristianos, como por ejemplo el poeta Al-Akhtal. Los árabes forman parte del mundo oriental, de ahí la importancia de la exhortación apostólica postsinodal para el Líbano escrita por el Papa Juan Pablo II, publicada en mayo de 1997, que habla de los cristianos del Líbano y de Oriente. Por otra parte, los cristianos del Líbano siguen siendo, en esta hora, una referencia en Oriente Medio, y su modelo de relaciones constituye una seguridad y una garantía para la presencia de los cristianos en los demás países árabes de la región.

--Sabemos que en el Islam hay un vínculo intrínseco entre la política y lo social. ¿Espera usted que el Líbano llegue un día a separar la política de la religión?
--M. Aoun: En cuanto movimiento político, buscamos separar la esfera política de la religiosa. El Líbano ha conocido períodos --como el de la guerra otomana que fue una de las más crueles e injustas-- durante los cuales la gente era obligada a «afiliarse» a una determinada religión, en nombre de la política de marginación y de persecución. La situación luego empezó a mejorar después de la Primera Guerra Mundial, cuando el Líbano se constituyó como protectorado francés, hasta llegar a la independencia en virtud del p acto nacional. En ese momento, la influencia cristiana en la vida social era notable y los cristianos eran elementos activos en la vida política hasta el inicio de los acontecimientos de los años setenta –el enfrentamiento civil entre cristianos y musulmanes (1975–1980)--, que trastornarno el equilibrio político, trayendo consigo la marginación de los cristianos. El Líbano no puede subsistir sin un gobierno equilibrado con la participación de todos, cristianos, chiíes y suníes. Michel Chiha --descanse en paz--, una de las figuras más eminentes que comprendieron bien la realidad libanesa, decía: «Quien quiera que trate de anular la confesión en el Líbano quiere en realidad suprimir el Líbano».

Monday, April 09, 2007

Pierre Gemayel, el príncipe de los maronitas

Las familias patriarcales cristianas esperaban hacer de Pierre uno de los presidentes con mayor proyección internacional. Para ellos, debía ser el puente de comunicación con occidente
En Líbano, decir Gemayel es pronunciar el apellido de una de las familias que han defendido la independencia de Líbano.
Pierre Gemayel fue quien fundó la Falange Libanesa. Desde entonces los Gemayel se convirtieron en el escudo y la espada de la comunidad maronita del Líbano.
En 1974, el primogénito de la familia, Bashir, fundó la escuadra BG, formada por estudiantes universitarios para la protección de la comunidad maronita ante los ataques armados de los palestinos.
En 1976 fue nombrado vicepresidente del Consejo Militar de la Falange y durante la guerra civil libanesa unificó las fuerzas militares cristinas bajo su control. Bashir se convirtió en el modelo del guerrero maronita que protegía a su nación.
En 1982, Bashir fue elegido presidente del Líbano, pero morirá asesinado con otras 35 personas poco después.
Bashir será sucedido por su hermano Amin, quien no quería dedicarse a la política y carecía del carisma de su hermano.
Como en el Líbano la pertenencia a una familia contrae obligaciones. Pierre Gemayel, hijo de Amin, se convirtió en la gran esperanza de los maronitas.
Joven abogado recién regresado del exilio, se presto para representar a los fieles a su familia por el escaño tradicional en el 2000.
Desde entonces había ocupado ese puesto parlamentario y desde el 2005, como partícipe de las fuerzas antisirias “14 de marzo” formaba parte de la coalición de gobierno en el cargo de ministro de industria. Su asesinato, con 34 años, ha significado apagar de golpe las esperanzas concebidas en el joven político.
La comunidad maronita se encuentra dividida entre los fieles al general Aoun, quien ha pactado con Hezbollah, y los seguidores antisiros de los Gemayel y Chamoun.
Estas son las familias patriarcales cristianas que esperaban hacer de Pierre uno de los presidentes con mayor proyección internacional. Para ellos, debía ser el puente de comunicación con Occidente como siempre ha existido en Libano desde los tiempos del origen de la Cristiandad
·- ·-· -······-·José Luis Orella

Monday, December 18, 2006

Arroz y flores para el falangista asesinado


Camino de Bikfaya, su ciudad natal, el ataúd de Pierre Gemayel cubierto con la bandera de la Falange Libanesa, recibía arroz y flores arrojados por los simpatizantes falangistas que despedían así al Ministro de Industria libanés, asesinado por terroristas prosirios.
El asesinato de Gemayel se producía coincidiendo con la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU de promover la investigación de los últimos asesinados en el Líbano, especialmente el primer ministro Rafia Hariri.
Desde que en 1936, el patriarca de la familia Gemayel, del mismo nombre que su nieto asesinado, fundara el Kataeb o Falange Cristiana Libanesa, inspirado en buena medida en la figura de José Antonio Primo de Rivera, la sangre de los Gemayel y con ella la de centenares de falangistas, ha sido vertida copiosamente en el país del cedro.
La cruenta lucha contra la OLP –que, exiliada de su tierra por la guerra contra el gobierno israelí, creó un auténtico Estado dentro del Estado libanés-, la invasión por parte de Siria y la posterior invasión del Líbano por parte de Israel, han sido el marco cruento donde se han desarrollado los últimos años de este pequeño país.
La tragedia de los Gemayel es la tragedia de El Líbano.
Con Pierre Gemayel, la Falange Libanesa había vuelto a la vida política tras superar fuertes procesos de división interna que incluyeron la separación de sus milicias, las Fuerzas Libanesas. Pero fue su tío, Bashir Gemayel, quien mayores logros consiguió en la lucha por la libertad y la paz de El Líbano, amenazada por Siria, Israel y Hizbolá.
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad de San José de Beirut, Bashir Gemayel, hijo del fundador del Kataeb, se graduó en la Universidad de Dallas en la American Law Academy. Desde su militancia falangista, unificó las fuerzas militares libanesas y promovió un amplio respaldo internacional a favor de un Líbano independiente y libre del terrorismo palestino y la tutela siria. En mitad de una guerra civil solapada, la hija mayor del líder falangista –Maya- fue asesinada con un chicle bomba destinado a su padre en 1980.
Nombrado por el Parlamento, primer ministro el 23 de agosto de 1982, su mandato se ahogó en unos pocos días junto a las voces de otros sesenta falangistas asesinados por una bomba en el Cuartel de la Falange situado en el barrio de Achafriech de Beirut.
En respuesta al magnicidio de Bashir se perpetraron las matanzas en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila; una acción execrable que sin estar del todo resuelta no exonera de responsabilidad a las fuerzas libanesas y al ejército israelí. En 2005, la insurrección civil libanesa acababa de lograr la retirada de las tropas sirias. La Falange Libanesa leal a los Gemayel había vuelto a obtener representación parlamentaria. Uno de sus diputados era, precisamente, Pierre Gemayel quien ostentaba la cartera de Industria en el nuevo Gobierno.
Con su asesinato, de nuevo El Líbano aplaza la paz.
Dos artículos amplios sobre el Kataeb o Falange Cristiana Libanesa pueden consultarse en el número 51 de la Revista Arbil, en un artículo de José Luís Orella y en el blog de Cristianos Libaneses, en un artículo de Fernando José Vaquero Oroquieta.

José Manuel CansinoProfesor
Titular de Economía Aplicada Universidad de Sevilla

Thursday, October 05, 2006

Consideraciones en torno al conflicto libanés

Resulta curioso que el „progresista“ gobierno de España y sus correas de transmisión en los medios de comunicación no dediquen parte de su tiempo a debatir sobre el término utilizado por el presidente americano Bush para definir a los terroristas islámicos: “islamo-fascismo”. Y ello porque el término, como nos refiere el sociólogo de las religiones Massimo Introvigne, ha sido acuñado por intelectuales liberal americanos, esto es, “progresistas”. En realidad, independientemente de la intención táctica de Bush por usar un término creado por sus adversarios políticos, es inexacto hablar de “islamo-fascismo” ya que el término que mejor define a la galaxia islamo-terrorista es el de “islamo-nazi”.
En efecto, como nos cuenta el anteriormente citado sociólogo Massimo Introvigne, “[...] Sobre todo desde que Ahmadineyad se ha apoderado del régimen iraní, éste se ha convertido en lo más parecido al nacional-socialismo que el mundo haya conocido en su historia. Cierto, las raíces culturales de la Alemania de Hitler y del Irán de los ayatolás son distintas. Pero los sociólogos han puesto en evidencia como el milenarismo, la espera de acontecimientos apocalípticos y de una inminente transformación radical del mundo, son una categoría universal que, aunque se decline con lenguajes distintos, tiende a producir los mismos resultados mortíferos. Hitler pensaba en un Reich milenario dominado por la raza aria, una “Alemania de mil años” cuyos ejércitos sojuzgarían al mundo entero. Ahmadineyad, que se inspira en los temas más milenaristas del complejo pensamiento de Jomeini (1), cree firmemente en el mito chií del imán escondido que saldrá a la superficie de su plurisecular ocultación para guiar la Shia en la conquista del mundo.
“Piensa realmente que el imán escondido emergerá de un pozo de una remota región iraní, alrededor de la cual ya ha ordenado construir un lujoso palacio para acogerlo y hoteles de siete estrellas. Ben Laden, por su parte, utiliza una literatura sunní, sobre todo egipcia, centrada en el choque final entre el Dajjal, el Anticristo, y el Mesías islámico, el Mahdi (2). Ni valen las objeciones del sociólogo asesor de Chirac, Gilles Kepel, según el cual no se puede hablar de fascismo o nacionalsocialismo, porque Mussolini y Hitler tenían un seguimiento masivo que Ben Laden o Nasrallah no tienen: cierto, los terroristas activos son (relativamente) pocos, pero los fundamentalistas son millones” .
“La locura milenarista necesita siempre de un chivo expiatorio que destruir para que el plan del mesías milenario de turno triunfe. Para Hitler y para Ahmadineyad el chivo expiatorio es el mismo: los judíos. Cada día el presidente iraní predica con más claridad el exterminio no sólo de Israel sino de los judíos en general, exactamente como Hitler en los años treinta. Nasrallah es su eco. Y, como entonces, hay una clase política del mundo libre que se tapa los oídos para no escuchar. ¿Vamos al Líbano a luchar contra el islamo-nazismo o a protegerlo de Israel? Si la respuesta será ambigua, retumbarán ecos siniestros de la conferencia de Munich de 1938, donde Europa frente al nazismo – como dijo Churchill – “eligió la vergüenza para no tener la guerra, y acabó por tener la guerra y la vergüenza” (3).
Preparémonos pues, si no queremos repetir los errores de la historia, a librar una batalla cultural que desaloje al discurso imperante de la nueva alianza antioccidental (y anticristiana) islamo-social-comuno-mundialista ya que sólo de esta manera podremos mirar, sin miedo pero con realismo, al enemigo en la cara y plantarle batalla. De lo contrario, a fuer de pacifismos y antiamericanismos a veces invocados desde ciertos ambientes católicos de forma cuando menos superficial, nos veremos abocados a la desaparición del mundo occidental y cristiano (en especial europeo) en aras de una civilización islámica. Pues no nos engañemos: si hoy no apoyamos a quienes luchan en primera línea contra el terrorismo islámico, esto es Israel, (y ello independientemente de los elementos religiosos, culturales, históricos, etc., que nos separan de los que por otra parte podemos y debemos considerar (a ciertas condiciones) “hermanos mayores” debido a nuestra herencia espiritual semita – Pío XI dixit), estaremos favoreciendo el triunfo de la alianza entre Al Qaeda, Irán y (aunque reducido al rango de Estado satélite) Siria, con todas las consecuencias funestas (inclusive una posible guerra nuclear) que ello acarrearía. Todo esto junto al proceso de descristianización y cristofobia que contradistingue a Europa en general, y a España en particular, sin olvidar la política suicida y demagógica frente al fenómeno de la inmigración (en especial islámica) nos da una idea de cuál podría ser nuestro porvenir. De aquí la necesidad de un sano realismo pragmático que sepa conciliar la reconquista católica de la sociedad (a través, in primis, de nuestra conversión diaria y de nuestro testimonio individual y asociativo) con una visión clara y realista de quiénes son nuestros aliados y nuestros enemigos, haciendo oídos sordos a los cantos de sirena de aquellos que con la excusa de la paz, del antiamericanismo y de la política “desproporcionada” de Israel, quieren vendarnos los ojos para que no podamos salvarnos del precipicio.
2. A alguien, quizás, le llame la atención que haya nombrado a Al Qaeda, a Irán y a Siria y no a otros países musulmanes cuando no al islam en su totalidad. ¿Significa ello que no considere a países como Arabia Saudí, Sudán, Somalia, etc., o al islam como un peligro? En absoluto. Únicamente con ello quería evidenciar un elemento (a su vez manifestación clara de la guerra civil intra-islámica auténtico detonante de la Cuarta Guerra Mundial en curso[4]) que ha pasado desapercibido a los más durante el conflicto que ha opuesto Israel al satélite terrorista de Irán y Siria en Líbano, Hizbulá: el silencio sonoro de las calles musulmanas.
En efecto, remitiéndome una vez más al sociólogo (y experto de islam y de terrorismo islámico) Massimo Introvigne, “[...] Desde hace años era suficiente una mínima retorsión israelí para que desde Yakarta a Trípoli masas movilizadas por regímenes o por organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes invadieran las calles gritando “Muerte a Israel”. Esta vez las calles árabes no asisten a movilizaciones. La diferencia con lo ocurrido hace apenas unos meses a causa de las viñetas danesas llama poderosamente la atención.
“Lo que ocurre es que ya sean los dictadores nacionalistas (como Gadafi) ya sean sus enemigos, los Hermanos Musulmanes, entienden perfectamente aquello que los documentos de la ONU y del G8 no dicen, esto es, que el ataque a Israel no es una iniciativa espontánea de los Hizbulá y de Hamas sino que ha sido programado (desde hace meses), financiada y dirigida por Teherán y Damasco. La ONU y el G8 no pueden decirlo por los vetos de una Francia fiel a su tradición filosiria y antiamericana. Pero los musulmanes lo saben. Los jefes de Estado nacionalistas han entendido perfectamente que está en juego la hegemonía sobre todo el mundo árabe por parte de una nueva cúpula, cuya cabeza está en Teherán, que ha reducido a Siria al rango de Estado satélite y que – tras haber inducido a Ben Laden a librarse del anti-chií al-Zarqawi proporcionando a los americanos información sobre su paradero – ha reclutado también a Al Qaeda.
“Esta cúpula, cuyo líder Ahmadineyad cree en un islam apocalíptico y espera con fervor el fin del mundo, considera a los dictadores nacionalistas laicos como una peste que infecta al mundo islámico. Tolera Assad en Siria porque su familia no es laica sino alauita, seguidora de una forma extremista chií sobre cuya heterodoxia Ahmadineyad ha decidido cerrar un ojo. En cuanto a los Hermanos Musulmanes, la familia Assad en Siria ha asesinado unos setenta y cinco mil. Los Hermanos además son sunníes y el trato recibido por las minorías sunníes allí donde llegan los chiíes iraníes no les deja esperar nada bueno. En teoría también Ben Laden es sunní, pero su ideología ya se puede considerar como un tercer islam, apocalíptico y violento, que pasa por encima de la tradicional distinción entre sunníes y chiíes y que – con el uso desenfadado del tráfico de drogas y sus relaciones con el hampa en distintos países – poco o nada tiene que ver con la puritana (y anti-chií) tradición wahhabita de Arabia Saudí en la cual el superterrorista ha sido educado”.
Cabe apuntar que no obstante la adhesión discreta de Ben Laden a la alianza con Irán y Siria (que no olvidemos trata de cambiar las relaciones de fuerza en el mundo islámico, donde los chiíes representan un 15% del total frente a los sunníes que constituyen un 80% con un resto – 5% – de denominaciones menores), el plan de Irán (y subordinamente de Siria) ha creado preocupación en la red terrorista del millonario saudí. En efecto, a los dirigentes (empezando por el número dos Al Zawahiri) y a los comandantes de segunda generación de Arabia Saudí, Pakistán e Iraq han llegado por medio de internet muchas críticas a los errores estratégicos y doctrinales de Hizbulá y, por tanto, implícitamente a Irán (5).
Estando así las cosas, la más numerosa manifestación anti-israelí ha tenido lugar en Cuba y contra Israel protestan más José Blanco, Moratinos y Zapatero que Gadafi. Los reyes de Marruecos, de Jordania, de Arabia Saudí dicen en privado a los americanos lo que no pueden decir públicamente: ninguna paz es posible hasta que no se acabe con los regímenes de Teherán y de Damasco. Los Hermanos Musulmanes son una organización compleja y plétora de corrientes, a alguna de las cuales no le disgustaría lo más mínimo el derrocamiento de Ahmadineyad. Por ello las calles musulmanas siguen haciendo ruido con su silencio.
3. Frente a la preocupación que despierta en el mundo sunní (y no sólo en él como veremos) el plan de Irán, algunos consideran que se debería aprovechar la rivalidad entre chiíes y sunníes a favor de Occidente. Se olvidan, sin embargo, que ello podría desestabilizar las fragilísimas democracias de Iraq y Líbano, que para sobrevivir necesitan de la colaboración de ambos ramos del islam. Un afamado estudioso de la Shia, el iraní profesor en América Vali Nasr, propone en un ensayo publicado en Foreign Affairs que está dando la vuelta de la diplomacia mundial (Vaticano incluído) el diálogo directo con Irán y Hizbulá como único camino para evitar la guerra atómica, inevitable porque Irán de una u otra manera se hará con ella. La tesis (ya muy dudosa de por sí) tiene el defecto de ignorar la naturaleza milenarista y apocalíptica de la ideología de Ahmadineyad y de Hizbulá: con quien espera el fin del mundo y el exterminio de los judíos no se puede dialogar.
Puede haber otro camino. Las críticas durísimas que las máximas autoridades religiosas chiíes libanesas dirigen al líder de Hizbulá Nasralá, acusándolo de aventurismo y de no representar a todos los chiíes del Líbano, constituyen una novedad histórica. Tradicionalmente la tradición chií ha predicado la obediencia a las autoridades constituidas, independientemente de su afiliación ideológica, y precisamente en el mundo chií ha surgido en los años previos a la Primera Guerra Mundial el movimiento moderado denominado “constitucionalista”, uno de los primeros intentos de conciliar pensamiento islámico y democracia moderna. Cierto, todo ha cambiado con Jomeini y su revolución iraní de 1979. Pero Jomeini, que ha reemplazado el constitucionalismo con la teocracia del “gobierno del jurista islámico” no ha representado nunca a todo el mundo chií, y no faltan sus críticos en el propio Irán.
El representante de más alto grado mundial de la jerarquía de los chiíes (que, a diferencia de los sunníes, tienen un “clero”) es el ayatolá Sistani de Nayaf, en Iraq, prudente pero inteligente protagonista del diálogo con Occidente y los Estados Unidos. Azerbaiyán, otro Estado a mayoría chií con grandes recursos debido al petróleo, tiene una jerarquía religiosa moderada, a la cual hace referencia la minoría chií de la cristiana Georgia. Los chiíes de Arabia Saudí, por mucho tiempo discriminados, han abierto un canal de diálogo con el rey Abdalá, que ha conseguido substraerlos a la influencia iraní apuntándose un éxito nada despreciable. Ahora también la jerarquía chií libanesa critica a Hizbulá.
No todos los chiíes (al igual que el resto de los musulmanes) son terroristas. Dialogar con la Shia moderada e insistir en el hecho que la postura chií tradicional es distinta de la de Ahmadineyad y Nasralá puede ser una baza importante para aislar a los terroristas y a aquéllos que los apoyan. Es una lástima que la Unión Europea (presa de su obsesión progresista y antiamericana de la que nada bueno se puede esperar) no se dé cuenta de estos desarrollos y siga empecinada (teniendo como “vanguardia” ridícula e infantil al payaso de Zapatero y a su corte de bufones) en considerar como únicos y legítimos representantes del mundo chií a Hizbulá y al gobierno de Teherán.
4. Durante muchos años el eslógan “mejor rojos que muertos” ha tratado de convercernos que si el riesgo era el de morir asesinados, valía la pena dejarse de zarandajas anticomunistas y plegarse a los regímenes comunistas. También en las Iglesias cristianas de los países comunistas, junto a una multitud de mártires, había quienes ponían por las nubes a los regímenes en el poder (cuando no colaboraban con ellos). La ley islámica, la sharia, establece para los cristianos y los judíos el estado de dhimmi, “protegidos”. No pueden desarrollar ninguna actividad misionera, ni acceder a los cargos públicos más importantes, y tienen que pagar impuestos más altos: en definitiva, son ciudadanos de segunda división, pero al menos salvan el pellejo (aunque siempre están en la cuerda floja dependiendo de muchos factores, no último, la escula jurídica islámica que acceda al poder).
Resulta siempre muy desagradable criticar aquellas personas que todos los días arriesgan sus vidas y que hoy están tentadas por un “mejor dhimmi que muertos” (un servidor ha dedicado varios artículos e iniciativas al genocidio anticristiano en los países musulmanes). Sin embargo, cuando este desasosiego es aprovechado en el extranjero, no sería correcto callar. En Palestina y en Líbano no son solamente políticos y militares cristianos – que dan la sensación de buscar venganza por no haber sido ayudados (cuando lo necesitaban) por Occidente, como el general Aoun – a ponerse al servicio de Hizbulá, aceptando de hecho la postura de dhimmi ideológico hoy con la perspectiva de convertirse en dhimmi de honor (esto es, en su plenitud) mañana.
También algunas autoridades religiosas cristianas hablan aparentemente de teología pero lo hacen de forma tan ambigua que favorecen objetivamente la propaganda de Hizbulá y de Hamas. Hace unas semanas cuatro obispos de Palestina – el latino-católico, Michel Sabbah, el sirio-ortodoxo, un luterano y un anglicano – han publicado un documento contra el “sionismo cristiano”, una teología difundida en la corriente denominada evangélica, estos es, conservadora, mayoritaria en el protestantismo de los Estados Unidos, que se enmarca en una compleja visión del inminente fin del mundo dentro de la cual el Estado de Israel tiene una función preparatoria querida por Dios. Si con el documento en cuestión se quiere afirmar que esta forma de milenarismo no es compartida por católicos y ortodoxos (y tampoco por luteranos y anglicanos), se afirma una obviedad. Pero el momento elegido es sospechoso, y se aprovecha la ocasión para decir que “los gobiernos de Israel y Estados Unidos, actualmente están imponiendo su dominación sobre Palestina” y son culpables de “colonización, apartheid e imperialismo”, frases que no desafinarían en un documento de Hizbulá o de Hamas.
También el jesuita egipcio, pero que ha vivido muchos años en Líbano, padre Samir Khalil Samir, estimado por el Papa (y por el abajo firmante, tan es así que he traducido un artículo suyo dedicado al problema de las mezquitas [6]) por su conomiento enciclopédico del islam, ha propuesto un programa de paz en diez puntos (algunos razonables) en los cuales, sin embargo, defiende que la única y sóla raíz del problema medio-oriental no es el terrorismo sino la misma creación tras el Holocausto del Estado de Israel en 1948, “una injusticia contra la población palestina”. Entre sus propuestas está el famoso “derecho al retorno”, al menos parcial, de los palestinos que han abandonado Israel en los años 1940 y 1950, condición que destruiría al Estado judío, transformándolo en un Estado islámico (con los cristianos sometidos a la condición de dhimmi) y que ningún gobernante israelí aceptará jamás siquiera que se pueda discutir.
Todo esto no es tanto una crítica de los dirigentes cristianos medio-orientales, que todos los días corren el riesgo de ser acuchillados o incluso acabar peor. Son más culpables quienes aprovechan cínicamente (o inconscientemente) sus declaraciones en Occidente, para justificar políticas anti-israelíes y antiamericanas o para repetir estribillos antisemitas donde, de cualquier cosa que ocurra en Oriente Medio, serán siempre y sólo culpables los judíos (7).
5. Muy distinta, en cambio, es la postura del Papa Benedicto XVI. En efecto, partiendo de una cita de un emperador bizantino definida por él mismo como “brusca” – con lo cual su precisación según la cual estas antiguas palabras no entendía asumirlas como propias raya lo obvio, y tampoco configuran – por mucho que le pese al indigente mental y moral de Pepiño Blanco y demás ralea del gobierno – una petición de perdón a los musulmanes – Benedicto XVI ha roto el acuerdo tácito entre los hombres políticos de Occidente y el islam, inaugurado tras el 11-S. Se podía y se debía condenar el terrorismo. Incluso se podía hablar mal del fundamentalismo. Pero todo debía mantenerse en el terreno del orden público, sin jamás tocar el tema de las raíces teológicas profundas de la conexión entre islam y violencia. Esta conexión no consiste en una desviación del Corán sino en algunas suras del mismo Corán; no en un malentendido de Mahoma sino en enseñanzas concretas de la segunda fase de su doctrina; no en una idea de Dios inventada por Ben Laden sino en la noción misma de la divinidad que ha prevalecido históricamente en el recorrido de la teología islámica. Esto es lo que ha dicho el Papa en Ratisbona, y que no ha desmentido sucesivamente.
Sin menoscabo de la búsqueda del diálogo con un islam que sea realmente distinto y moderado (todavía muy frágil e incipiente), el Papa ha roto el acuerdo por el cual se debería hablar sólo y únicamente de policía y jamás de teología. El mismo Bush y Blair habían proclamado el islam una “religión de paz”, prosiguiendo con la ficción – que hace prevalecer la razón política sobre la razón histórica – según la cual la frágil minoría moderada sería la única capacitada a representar el “verdadero” islam. Cinco años después del 11-S, tras las aberrantes declaraciones de Ahmadineyad, el terrorismo renovado de Hamas y de Hizbolá, el reclutamiento continuo también en Occidente de terroristas suicidas de Al Qaeda, el Papa ha decidido que se ha acabado el tiempo de las ambigüedades y ha llegado el tiempo de la claridad.
Tras una primera reacción airada, en el mudo islámico se han levantado voces de sentido común disponibles a admitir que lo dicho por el Papa merece cuando menos una seria reflexión. Por el contrario, en Occidente ha ido mucho peor. Hemos visto a tres tipos de críticos que no sólo no defendieron al Papa, sino que incluso arremetieron contra él. Los primeros son los ignorantes, que nada saben de islam, nada de historia de las religiones y tampoco tienen las categorías para entender un discurso difícil como el de Ratisbona. Los segundos – como el New York Times – son los defensores del acuerdo tácito según el cual algunas autoridades islámicas condenan el terrorismo y Occidente en cambio renuncia a investigar sobre las raíces teológicas de aquél. En lugar de rasgarse las vestiduras por las verdades sobre el islam dichas por Benedicto XVI, deberían admitir que el acuerdo no ha funcionado, ya que el terrorismo continúa, y que donde ha fracasado la policía es correcto que vuelva la teología. Los terceros son los laicistas, que desprecian al Papa por Papa, y para los cuales toda ocasión es buena para arremeter contra el Santo Padre (por supuesto, también cabe la posibilidad que los críticos de Benedicto XVI sean una síntesis de los tres tipos como parecen indicar los rebuznos del gobierno que padecemos).
Sea como fuere, en el actual choque de civilizaciones, el Papa ha sido el único que ha tenido el valor de renunciar a lo políticamente correcto y alinearse sin reticencias con Occidente y con sus valores: como agradecimiento, Occidente lo ha dejado solo (8).
•- •-• -••••••-• Ángel Expósito Correa
Notas:
(1) http://www.arbil.org/99iran.htm
(2) http://www.arbil.org/(52)expo.htm
(3) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_17.htm
(4) http://www.arbil.org/(80)expo.htm
(5) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_29.htm
(6) http://www.arbil.org/(57)mezq.htm
(7) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_05.htm
(8) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_19.htm

Thursday, September 28, 2006

LÍBANO Y LOS SECTARISMOS

:: Lunes, 25 de Septiembre de 2006 :: Internacional/Países :: :: Tag: Líbano :: Por Yezid Sayigh, profesor de Estudios de Oriente Medio en el King´s College de Londres. Traducción: Juan-Gabriel López Guix (LA VANGUARDIA, 25/09/06):

El mes de enfrentamiento entre Hezbollah e Israel parece haber modificado la situación de estancamiento en que se hallaba la política libanesa desde el asesinato del primer ministro Rafiq al Hariri y la salida de las tropas sirias del país. Cabe colocar de nuevo el desarme de Hezbollah en la agenda del debate público y gubernamental, con el consiguiente desplazamiento de las alianzas y los equilibrios de poder internos, y parece que el primer ministro Fuad Siniora está dispuesto a aprovechar la oportunidad.
Hezbollah ha ganado el primer asalto al conseguir el acuerdo ministerial del 18 de agosto por el cual sus miembros en el sur de Líbano no se desarmarán, sino que sólo se abstendrán de llevar armas en público. Sin embargo, ha surgido la posibilidad de un realineamiento entre los principales partidos y dirigentes políticos libaneses, lo que a su vez ha abierto la vía para el final de la parálisis que ha bloqueado las políticas y las iniciativas del gobierno en casi todos los ámbitos: desde la economía o la gestión de la deuda, pasando por reforma de la asistencia social y la función pública, hasta la revisión de la ley electoral. Sin embargo, es inquietante la agudización de las divisiones políticas y confesionales desde la guerra, que además ha aumentado las posibilidades y la escala de la intervención exterior, y ha hecho más problemático el diálogo y el compromiso internos libaneses.
Esta situación contrasta con el optimismo generado por la revolución de los cedros que siguió al asesinato de Hariri: suscitó grandes esperanzas, no sólo de una auténtica independencia de la intervención política y de los servicios de inteligencia sirios en los asuntos internos y exteriores de Líbano, sino también de una reforma del sistema político confesional y la estructura de gobierno. Sin embargo, esas esperanzas en seguida se esfumaron, puesto que los partidos y dirigentes políticos libaneses no tardaron en reanudar la organización y la movilización sectaria. Las elecciones de junio-julio confirmaron la división política en bloques uniconfesionales: los musulmanes suníes, fuertemente representados por el Movimiento Futuro de Saad, hijo de Hariri; los musulmanes chiíes, representados por una lista conjunta de Hezbollah y Amal encabezada por el portavoz parlamentario Nabih Berri; y un bloque cristiano principal (maronita, sobre todo) dirigido por el Movimiento Patriótico Libre del antiguo jefe del ejército Michel Aun.
Aludiendo a la amenaza suní, a pesar de los muchos problemas políticos, económicos y sociales a los que se enfrentan, la cuestión que divide a los libaneses suníes y chiíes es, más que cualquier otra, su actitud hacia Siria. Con 36 escaños, el Movimiento Futuro de Hariri forma el grupo más numeroso en un parlamento de 128 escaños y es la principal fuerza de la Alianza del 14 de Marzo antisiria, que posee un total de 72 escaños. Hariri goza del apoyo de Arabia Saudí, que como potencia musulmana suní teme las ambiciones del Irán chií y ve la afirmación de Hezbollah en el contexto del auge del chiismo en Iraq y su alianza con el régimen laico de Siria (dominado por los alauíes, rama herética del islam chií).
Al igual que Arabia Saudí, muchos suníes libaneses perciben un eje amenazador en Siria, Irán y Hezbollah - estimulado por el chiismo iraquí- y se sienten molestos por las poco halagadoras comparaciones trazadas entre la reciente actuación de Hezbollah y el rápido hundimiento de la OLP, considerada como su protectora por los suníes libaneses, frente a la invasión israelí de 1982. Tales miedos surgen en un arco mucho más amplio; en realidad, se extienden hasta Afganistán y Pakistán por el este y hasta la península Arábiga por el sur. Dado que las relaciones sirio-saudíes han empeorado tras la reciente guerra, Hariri se ha atrevido a responder cada vez con mayor energía a las acusaciones públicas de ser un peón israelí realizadas por el presidente sirio Bashar Asad. Sin embargo, el bando antisirio ha perdido la iniciativa y se limita a reaccionar a una situación inestable. Ello se refleja en los equilibrios de Siniora, que pertenece al Movimiento Futuro y es otro peón israelí según Asad: aunque presiona para la aplicación del embargo sobre el suministro de armas a Hezbollah ordenado por las Naciones Unidas, ha aceptado al mismo tiempo no forzar por ahora el desarme. Con todo, Siniora no podrá mantener estos equilibrios indefinidamente. Con Hezbollah desembolsando compensaciones a las familias chiíes del sur de Líbano y los barrios meridionales de Beirut - la suma total se estima en 140 millones de euros, cuya fuente se supone que es Irán-, son los suníes del país quienes sienten preocupación ante la perspectiva de la disminución de los flujos comerciales y de ayuda. Además, Siria ha rechazado el despliegue de personal de las Naciones Unidas a lo largo de su frontera con Líbano con objeto de reforzar el embargo - aunque ha prometido cumplirlo- y ha amenazado con cerrar la frontera. Ello bloquearía el comercio terrestre de Líbano y alimentaría la vieja percepción del régimen sirio como aliado de Hezbollah y, por extensión, de la comunidad chií y como adversario de los intereses suníes en ambos países. Con relación a la eventualidad de un cantón chií de Hezbollah, los cristianos de Líbano están demasiado divididos para actuar de un modo decisivo. Los principales partidos cristianos de la Alianza del 14 de Marzo (las Fuerzas Libanesas, el partido de las Falanges y el Partido Nacional Liberal) sólo poseen 12 escaños parlamentarios. No sólo es menos que Hezbollah, sino menos que el bloque encabezado por el principal contrincante al liderazgo maronita, el antiguo jefe del ejército Michel Aun, que se ha aliado con Hezbollah y Siria con la esperanza de poder acceder a la presidencia libanesa. Su Movimiento Patriótico Libre posee 21 escaños en el Parlamento, que elige al presidente, y la lista chií coaligada, 35. El actual presidente, Émile Lahud, es un decidido aliado de Siria y también de Hezbollah.
Por lo tanto, la cuestión más importante relacionada con las posibilidades del sectarismo en Líbano es hacia dónde se dirige la comunidad chií. Lo crucial para la mayoría de los chiíes es si han ganado o perdido poder en el sistema político libanés y en el gobierno como consecuencia de la guerra. La búsqueda de influencia ha llevado a Hezbollah a perseguir dos estrategias paralelas desde la revolución de los cedros del 2005. Aceptó por primera vez cargos ministeriales con el objetivo de preservar los intereses chiíes en un momento en que el Movimiento Futuro dominado por los suníes y la más amplia Alianza del 14 de Marzo (que representa también intereses cristianos, además de suníes) formaron la nueva mayoría en el Parlamento y el Gobierno. Hezbollah tiene ahora poder de veto en el gabinete ministerial y se resiste al desarme para mantener su influencia. En consecuencia, goza de las ventajas de la pertenencia al Gobierno al tiempo que actúa como una Administración autónoma entre los chiíes - casi un cantón-, asistido por la ayuda financiera iraní y reforzado por el uso del carisma y la jerarquía religiosos.
La estrategia de Hezbollah es la contraria a la perseguida por el otro principal partido chií, Amal, que entró en el Consejo de Ministros en la década de 1980, estableció nuevos organismos estatales y logró el nombramiento de su dirigente Berri como presidente del Parlamento. De este modo, el partido consiguió empleos y financiación estatal, que canalizó hacia sus partidarios, con lo que ganó influencia política. Sin embargo, Amal no ha sido capaz de alterar de modo fundamental la posición de los chiíes en la política, la economía y la jerarquía social libanesas. De resultas, el impulso de Hezbollah en favor de la construcción de una sociedad de resistencia alternativa ha obtenido predicamento en muchos chiíes y ha ahondado el sentimiento de que su comunidad debe acercarse más a sus correligionarios iraníes e iraquíes si quiere forzar un cambio MESEGUER sustantivo en su situación en Líbano. De ahí la atracción de la ideología islámica y panárabe de Hezbollah, sostenida en parte por ayuda iraní, pero también por las propias iniciativas generadoras de ingresos y la recaudación de diezmos, por sus extensas redes de servicios sociales baratos y fiables y por sus fundaciones empresariales.
La reciente guerra ha permitido a Berri volver a conquistar parte de su anterior perfil: ha podido declarar que Amal estaba junto a Hezbollah en la batalla con Israel mientras mediaba en nombre de Hezbollah con los diplomáticos estadounidenses y europeos. Sin embargo, los intereses básicos y las estrategias de los dos partidos divergen, y Berri intentará explotar cualquier disminución de la popularidad de Hezbollah para presentarse como un dirigente chií más conciliador ante los suníes y los cristianos del país. No obstante, no es probable que Amal abandone su antigua alianza con Siria antes de las elecciones presidenciales de septiembre del 2007, de modo que la alianza chií que obtuvo 35 escaños en el 2005 sobrevivirá un año más.
Como cuestión inminente asoman las elecciones presidenciales. Puede abrirse un nuevo callejón sin salida en la política libanesa y a la parálisis del Gobierno. Sin embargo, la perspectiva de las elecciones presidenciales de septiembre del 2007 producirá cambios en las alianzas políticas, unos cambios que surgirán no sólo entre los partidos libaneses, sino que se extenderán también a los actores externos. No cabe duda de que la lucha por decidir al sucesor de Lahud agudizará las tensiones entre la Alianza del 14 de Marzo y la formada por Aun-Hezbollah, donde se incluye también Amal, y la intervención política y encubierta del presidente sirio Asad, interesado en desbaratar la investigación internacional sobre el asesinato de Hariri. El mayor riesgo es que la rivalidad - las rivalidades- adquieran un carácter sectario y que lancen a suníes y chiíes unos contra otros en un reflejo de la lucha más amplia que se está produciendo en toda la región.

El laberinto del Líbano: Miles de cristianos responden en la calle a Hezbollah


Aunque el movimiento chií cuenta con el apoyo del ex general cristiano Michel Aoun
El pasado domingo, 24 de septiembre, decenas de miles de cristianos libaneses salían a la calle ondeando banderas y retratos de Samir Geagea, el líder de las Fuerzas Libanesas (FL). Fue la respuesta política a la masiva concentración del anterior viernes convocada por Hezbollah. Sin embargo, la unidad no es la principal característica de la comunidad cristiana en el Líbano, dividida en dos bloques, ya que los chiítas cuentan con el apoyo del ex general cristiano Michel Aoun.

En el interior y los alrededores de la basílica de Harisa, 27 kilómetros al norte de Beirut, los manifestantes enarbolaban pancartas en las que se podían leer mensajes como “Resistimos para defender la libertad y el consenso” o “Los que están dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir la Presidencia tienen que recordar que el camino está repleto de mártires de la resistencia”, en clara alusión al antiguo jefe del Ejército aliado con Hezbollah y Siria.

Samir Geagea, que asistía por primera vez a una ceremonia religiosa celebrada desde hace años, tras pasar 11 en prisión, lanzó un duro discurso contra el movimiento chií. Criticó que Hezbollah presuma de haber obtenido una “victoria” sobre los israelíes cuando “una verdadera catástrofe se ha abatido sobre el país”.

“No podemos edificar un Estado fuerte hasta que no encontremos una solución a las armas de Hezbollah. Pide un Estado fuerte: ¿Cómo se puede construir ese Estado cuando tiene otro pequeño Estado a su lado? ¿cómo hacerlo cuando siguen llegando las armas y la munición?, añadió el líder de las FL.

Cabe resaltar que Hezbollah consiguió un acuerdo ministerial el pasado 18 de agosto por el cual sus miembros no llevarán armas en público, pero tampoco se desarmarán.

Las claves del laberinto

La demostración de fuerza llevada a cabo por las Fuerzas Libanesas con la convocatoria de movilización ciudadana del domingo no mengua, sin embargo, la profunda división existente dentro de la comunidad cristiana en el Líbano, agudizada desde la guerra. Una división que forma parte, al mismo tiempo, del laberinto de fuerzas y alianzas que conforman el panorama político libanés.

Las elecciones de junio-julio dejaron constancia también de las grandes divisiones políticas, reflejadas en bloques uniconfesionales. Por una parte, el Movimiento Futuro (MF) de Saad Hariri, hijo del asesinado primer ministro Rafiq al Hariri. Con sus 36 escaños (del total de 128 de que consta el Parlamento), el MF es el grupo con más representación parlamentaria.

El partido de Hariri es a su vez la principal fuerza política de la llamada Alianza del 14 de Marzo antisiria (con un total de 72 escaños), de la que también forman parte los cristianos de las Fuerzas Libanesas, del partido de las Falanges y del Partido Nacional Liberal (en total suman 12 escaños), además de los minoritarios drusos.

Por otra parte, los musulmanes chiítas, representados por la lista conjunta de Hezbollah y Amal (35 escaños) encabezada por el portavoz parlamentario Nabih Berri, reciben el apoyo del Movimiento Patriótico Libre (MPL) de Michel Aun, el bloque cristiano mayoritario en Líbano (principalmente maronitas). Hay que destacar que el MPL posee 21 escaños, en tanto que los partidos cristianos de la Alianza del 14 de Marzo tan sólo tienen 12.

Juegos de poder

El enrevesado puzzle se completa con otro juego de alianzas externas y poder interno, tal como señala el experto profesor de Estudios de Oriente Medio en el King’s College de Londres, Yezid Sayigh, en un artículo publicado en LA VANGUARDIA este lunes, 25 de septiembre: Líbano y los sectarismos.

Saad Hariri cuenta con el respaldo de Arabia Saudita, “que como potencia musulmana suní teme las ambiciones del Irán chií y ve la afirmación de Hezbollah en el contexto del auge del chiísmo en Iraq y su alianza con el régimen laico de Siria (dominado por los alauíes, rama herética del islam chií)”, dice Sayigh.

Por otra parte, Hezbollah tiene el apoyo de Siria y el dinero de Irán. Cabe recordar, tal como señala el experto profesor en su artículo, que “con Hezbollah desembolsando compensaciones a las familias chiíes del sur del Líbano y los barrios meridionales de Beirut –la suma total se estima en 140 millones de euros, cuya fuente se supone que es Irán-, son los suníes del país quienes sienten preocupación ante la perspectiva de la disminución de flujos comerciales y de ayuda”.

En el orden interno, mientras que la Alianza antisiria da soporte y cuenta con la complicidad del primer ministro libanés, Fuad Siniora, “el actual presidente, Emile Lahud, es un decidido aliado de Siria y también de Hezbollah”, asegura Sayigh.

Influencia de la guerra

Así las cosas, “lo crucial para la mayoría de los chiíes es si han ganado o perdido poder en el sistema político libanés y en el Gobierno como consecuencia de la guerra”, plantea el experto, quien asegura también que “la estrategia de Hezbollah es la contraria a la perseguida por el otro principal partido chií, Amal”.

“Berri (dirigente de Amal) intentará explotar cualquier disminución de la popularidad de Hezbollah para presentarse como un dirigente chií más conciliador ante los suníes y los cristianos del país. No obstante, no es probable que Amal abandone su antigua alianza con Siria antes de las elecciones presidenciales de septiembre de 2007”, pronostica Sayigh.
Con respecto a esas elecciones, el profesor de Estudios de Oriente Medio cree que “la lucha por decidir al sucesor de Lahud agudizará las tensiones entra la Alianza del 14 de Marzo y la formada por Aun-Hezbollah, donde se incluye también Amal, y la intervención política encubierta del presidente sirio Asad, interesado en desbaratar la investigación internacional sobre el asesinato de Hariri”, concluye.


Isabel Ordoñez

Friday, September 15, 2006

La Historia Sagrada de Oriente Próximo


Puesto que voy a reflexionar acerca del conflicto en Oriente Próximo vaya por delante que no soy pro-judío, ni me siento “hermano menor” de los de la sinagoga. Tampoco me considero un “anti”-nada, excepto cuando ese nada se muestra en los hechos “anti”-Cristo, “anti”-orden cristiano y “anti”-civilización occidental... O lo que de ella quede.
El problema entre palestinos e israelíes tiene solución muy difícil pues están a la greña desde que en el mundo se sabe escribir: palestinos es un gentilicio derivado de philisteos, gentes de la antigua Grecia que ocuparon la costa del norte de Gaza doce siglos antes de Jesucristo. Podríamos remontar nuestras tesis, docenas, hasta Sansón y Dalila, quizás la única vez en que filisteos —“palestinos”— y judíos creyeron entenderse. Lo mismo nos da que Israel esté o no esté en las supuestas tierras palestinas con malas o buenas artes... que sólo pudo calificar en su momento el poder de Inglaterra. Lo que nos importa en esta sección es que el Vaticano clama por palestinos despojados pero nada, incluso sus representativas beatitudes, de que Israel entró en Tierra Santa… nueve siglos después de que los mahometanos se las arrebataran definitivamente a la Cristiandad. Con esta razón sentaríamos inmediato precedente para que la catedral de Sevilla fuera propiedad a devolver a los musulmanes del siglo XIII.
Más coherentes seríamos de centrarnos en defender a los católicos maronitas que en toda su historia sufrieron indeciblemente por amor a la Iglesia; desde la aparición de Marón, aquel gran santo que luchó sin descanso contra las herejías cristianas —la monofisita y los restos de arrianismo— y, sobre todo, contra los musulmanes. En mi opinión, entre los judíos del estado de Israel y los maronitas existe un paralelismo de común trinchera contra el Islam, hoy allí aliado de los palestinos. Ellos también llegaron al Líbano como a tierra de refugio, también la transformaron en patria convirtiendo su pedregoso suelo en fecundo jardín. Aquel único territorio católico que quedaba en Oriente jamás se dejó pisar por los enemigos del cristianismo, muy concretamente los coránicos de la media luna: "Toda la Siria —escribía Jaled, el conquistador árabe—, cayó como un camello, pero sólo el Líbano se mantuvo erguido". En sus trece siglos de existencia es inmedible la sangre maronita que se habrá vertido por Cristo. Cuando Europa logró quitarse de encima al Islam éste aplicó su odio en los católicos del Líbano, en luchas que no protagonizó un Israel inexistente desde el s.I a.C. Fueron así, todavía, los episodios de 1834, 1845, 1860, 1914, 1920, 1925 y posiblemente esta guerra que algunos suponen empezada el 13 de abril de 1975. Deberíamos estar muy atentos y ser más que sensibles a que lo que Roma es —todavía— para los católicos y Armenia para los armenios, lo que Palestina es para los palestinos e Israel para el pueblo judío, así es el Líbano para los maronitas. Una patria que, como la de los israelitas, no existe sin un territorio donde permanecer dignamente, soberanos y en libertad de gobierno pero que, ahora, con Hizbula dentro, puede perderse. En la práctica el estado ya no es maronita ni el territorio. Los que preparan la agenda del Papa deberían trabajar por una pronta visita a aquellos católicos para que no se crean solos y, sobre todo, para evitar que no les quede otro camino que el abrazo chiita. No es atrevido afirmar que las milicias iraníes aman tanto a los cristianos maronitas como el gato al canario.
El Vaticano habla de justicia sin aclarar de qué lado están: “El vaticano está de parte de la paz”, nos sueltan como vaguedad ecléctica que siempre hace bonito. A los israelíes, que así llamamos a los que forman parte del Estado de Israel, sean sionistas, religiosos de cuarenta sectas, sean protestantes, católicos, agnósticos o ateos, no se les puede decir: "La llave de la muerte y de la paz se encuentra en vuestras manos y en las del gobierno que habéis elegido." Un parcialismo gratuito que en semejante avispero no sirve de nada. ¿Acaso “los otros” no existen? Y esto se dijo cuando Israel enfrentaba los focos de terrorismo que le atacaban por todos lados.
Hizbula está en el Líbano, va para veinticinco años, no por amor a los libaneses sino para hostigar a Israel y, de paso, ayudar en la reducción de los maronitas... aliándose con ellos. No recordamos a la Iglesia advirtiendo del peligro que hay tras la frontera del sur, con docenas de facciones excitadas por la mezcla del islamismo con los agitadores comunistas, de los especialistas del marxismo y los agentes de la mezquita. Se supone que también deberían condenarse los actos terroristas de los “oprimidos”, ejecutados indiscriminadamente en supermercados (32 muertos), en autobuses (14 muertos), o en las calles más inocentes. Y no hacemos bien la cuenta, que seguramente olvidamos mucho que contabilizar.
No estamos con Israel pero sí debemos estar a favor de los derechos de un Estado reconocido por la ONU, incluida la España de Franco, de Felipe González y del señor Moratinos. No podemos aceptar la demagogia de los que atizan el terrorismo, su famoso “los vamos a echar al mar”, y luego gritan que les pegan. Lo que aquí señalamos es que la Iglesia tiene la primera obligación de defender a los suyos, especialmente la fe que es lo que les lleva al sacrificio. Nunca torciendo nuestros dogmas como dijo en Casablanca el Papa Juan Pablo II: «Nuestro Dios (Trinidad) es igual al vuestro (“sólo Alá es grande”)».
Parece broma, pero puede que la Historia Sagrada se repita: Irán-Dalila intentará cortarle a Israel-Sansón la melena atómica para que éste haga caer sobre todos nosotros la ruina de los filisteos.
Pedro RIZO

Saturday, September 09, 2006


La mayoría de los cristianos del Libano son fieles de los distintos ritos y tradiciones de las Iglesias Católicas Orientales. Así mimo lo son los cristianos de Egipto, Siria, Iraq, Irán, Turquía como también los católicos de Europa del Leste.
Por ello os tenemos que recomendar el nº 97 del Semanario Alba, en cuyas páginas centrales encontramos un Dossier sobre las Iglesias Orientales. Este Dossier nos ayuda a entender la tradición espiritual, los ritos y el estatus que estas grandes desconocidas tienen dentro de la Iglesia Universal.

Thursday, September 07, 2006

El Puzzle libanes número a número.


La extensa pluralidad religiosa y cultural de Líbano ha provocado una manipulación de las cifras reales de población. Según los chíitas, los cristianos habrían perdido su hegemonia hasta el 25%, siendo los musulmanes un 75% y de ellos el 50% chíitas. Otras cifras se obtienen de estrapolar el censo francés de 1932, cuando los cristianos eran el 55% del total de la población. la razón de ellos procede el reparto de poder entre las distintas comunidades. El presidente de la republica es un maronita, el primer minitro un sunita, el presidente del parlamneto un chíita y así sucesivamnete. pero las comunidade han modificado su demografí y especialmente la chíi se ha vuelto reinvindicativa. Aunque los acuerdo de Taif marcaron una reforma que dividia al 50% la representación parlamnetaria entre cistianos y musulmanes, las tensiones para la manipulación de las cifras subsiste.
Según el listado de ciudadanos inscrítos en el año 2000, en el Mninisterio de Interior libanes para obetener el derecho al voto. Los ciudadanos votantes eran 2.649.121 y la pobalación total estaría en 3.800.000 . Divididos en comunidades serían: Alawitas 18.491; armenios católicos 19.392; armenios ortodoxos 89.649; asirios 2.210; caldeos 2.893; chíitas 638.313; coptos 83; drusos 151.971; greco-católicos 146.644; greco-ortodoxos 226.488; judíos 5.956; catolicos romanos 11.333; maronitas 606.553; protestantes 18.230; sunitas 674.571; sirios católicos 10.076 y sirios ortodoxos 14.596. Entre las quejas de los critianos estaría la nacionalización concedida bajo dominio sírio de 300.000 sunitas, sirios, egipcios y palestinos. Por lo tanto la comunidad mayoritaria sería la sunita con el 24,4 %,le seguiría la chíita con el 24,1%. Por su parte la cristiana, los marnitas serían el 22,9%, que junto el 8,5% de los greco-ortodoxos y comunidades menores, otendrían en conjunto una presencia del 43, 3% de cristianos. El mayor porcentaje de población cristiana en un pais árabe, algo muy provocativo para el islamismo radical.

José Luis Orella

Wednesday, August 23, 2006

Centralidad y decadencia del Kataeb en la política libanesa del siglo XX


Kataeb o Falange Libanesa
La Falange Libanesa (Kataeb) nace estrechamente vinculada a la familia Gemayel, una de las más influyentes en la comunidad maronita todavía hoy, en los años 30 del pasado siglo. Esa relación familiar con un partido político no es, en Líbano, una circunstancia excepcional: los principales clanes familiares (maronitas o no) se dotarían de sus correspondientes partidos políticos a lo largo del siglo XX. El patriarca de la familia, Pièrre, la funda en 1936 inspirándose -en alguna medida- en el pensamiento del español José Antonio Primo de Rivera. Le acompañaron en la aventura el periodista George Naccache y Charles Hélou, quienes abandonarían pronto el partido. Ya desde sus inicios propone la independencia del Líbano, oponiéndose a la presencia francesa, y colaborando en esta tarea con los sunitas de al-Najjadah.
El Kataeb arraiga especialmente entre los cristianos maronitas, si bien también se incorporarán, al mismo, cristianos de otras confesiones y musulmanes partidarios de un nacionalismo libanés moderno, no arabista, de tintes corporativistas. Así se vinculan, de manera mítica, con el pasado fenicio de aquellas tierras en un esfuerzo de definición de la pluralísima identidad libanesa, auténtico microcosmos del apasionante mundo árabe. Su lema inicial fue Dios, Patria, Familia. Pero, no obstante esas otras militancias cristianas y musulmana, siempre se le ha identificado como un partido esencialmente maronita.

Líbano, Nación Árabe y Umma
Aquí debemos destacar una primera división ideológica de los políticos libaneses, derivada de la perspectiva nacional de sus respectivos partidos: los que defienden la identidad e independencia libanesas, por encima de su pertenencia a la cultura árabe (caso del Kataeb, el Partido Nacional Liberal, el Movimiento Patriótico Libre, el Partido Socialista Progresista…); los partidarios de su integración en Siria (Partido Sirio Social Nacionalista, principalmente); quienes siguen propugnando una gran “Nación Árabe” (caso del Movimiento Popular Nasserista, especialmente arraigado entre los sunitas de Sidón, y el Partido Baas); y, por último, quienes aspiran a la recreación de la Umma (comunidad de los creyentes musulmanes), caso de Hizbulá, Grupo Musulmán (Hermanos Musulmanes de Líbano), Amal…
Debe señalarse que la confesión cristiana de tantos políticos libaneses no determina necesariamente uno u otro posicionamiento. En principio, una buena parte de los cristianos libaneses, especialmente los maronitas, son partidarios de la independencia libanesa. No obstante, algunos libaneses cristianos figuran entre los primeros miembros del partido Baas (en el poder en todavía en Siria y, durante décadas, también en Irak) del que existe todavía hoy una rama en el Líbano, si bien en su mayor parte son sunitas. Por otra parte un partido promueve expresamente la unión con Siria: el Partido Sirio Social Nacionalista, fundado por el cristiano libanés Anton Saade en 1932, cuya mayor influencia irradia entre los cristianos libaneses greco-ortodoxos y greco-católicos, y que se encuentra alineado con Hizbulá y los partidos más izquierdistas de Líbano.
Una última precisión. Pretender la integración en Siria no agota las posibilidades de relación con su interesado vecino. Así, todos los partidos son bien anti o pro-sirios. Y en ocasiones cambiarán de orientación según diversas circunstancias, intereses familiares, etc. Por ejemplo, en su día el Kataeb, fervoroso partidario de la independencia, reclamó a Siria el envío de una fuerza militar que facilitara la pacificación del país y el control de los palestinos instalados en Líbano. Posteriormente Siria se volvió en contra de sus antiguos aliados, apoyando indistintamente a las diversas facciones en pugna, debilitando así las fuerzas del Líbano e imponiendo a sangre y fuego –y por agotamiento nacional- la “paz siria”, antesala de la frustrada Gran Siria.

Bashir Gemayel
Pero volvamos a la historia del Kataeb. El partido se opuso enérgicamente a la presencia palestina, que llegó a constituir un verdadero “Estado dentro del Estado” de la mano de la OLP gracias a la endémica debilidad y ambigüedad del Estado libanés. De hecho, ya desde 1975 se desarrolló una verdadera guerra no declarada entre la OLP y el Kataeb, alineándose, con uno u otro bando, todos los partidos libaneses, salvo el Partido Democrático, que pretendía un Estado aconfesional, moderno y sin cuotas parlamentarias de adscripción religiosa como todavía se practica. En ese sentido, ante un “enemigo común” -la OLP y sus aliados- el Kataeb confluyó tácticamente con Israel en los años 80 del pasado siglo; si bien esa política de alineamiento apenas sobrevivió a su joven y carismático líder Bashir Gemayel.
Hijo de Pièrre, Bashir alcanzó el mando supremo del Consejo Militar del Kataeb, logrando unificar a buena parte de las milicias armadas cristianas en las Fuerzas Libanesas (también conocidas mediáticamente como Milicias Cristianas Unificadas), creadas en 1977. Además de las milicias armadas del Kataeb, integró a los denominados Guardianes de los Cedros (dirigidas Etienne Saqr), y la milicia Ahrar (Partido Nacional Liberal, liderado por la familia Chamoun, otro de los clanes maronitas). En 1978 lanza un ataque contra Zghorta, localidad feudo del clan maronita de los Franjieh (otra saga maronita al igual que las dos ya citadas), derrotando a la llamada “Brigada Marada”, su milicia privada, y asesinando al hijo del anciano expresidente de Líbano, Tony. Y el 7 de julio, mediante un golpe de mano, terminan por eliminar la relativa autonomía de sus antiguos aliados de Ahrar.
El 23 de agosto de 1982, a la vez que Líbano es invadido por Israel con el objetivo de expulsar a Arafat y su OLP, Bashir Gemayel es nombrado presidente de Líbano, siendo asesinado a los 7 días de su proclamación; hecho acaecido un 14 de septiembre de 1982 a resultas de un atentado con coche bomba contra la sede central del Kataeb en Beirut, que también costó la vida a más de 60 personas. Todavía no se sabe quien ejecutó y ordenó el atentado. Han circulado varias versiones. Así, inicialmente fue detenido un miembro del Partido Sirio Social Nacionalista, Tanios Habib Chartouni , como presunto autor del magnicidio. Posteriormente predominó otra versión sobre los orígenes del atentado: un comando, dirigido por el capitán Naysif, habría colocado 50 kilogramos de TNT, suficientes para destruir todo el edificio ocupado por el estado mayor del Kataeb en Achafrieh. La orden habría partido del teniente coronel Mohamed Ganen, jefe de operaciones del servicio de información sirio en Líbano…
La noche del 16 al 17 del mismo año se producen las matanzas de Sabra y Chatilla, como represalia al magnicidio, y cuyas responsabilidades últimas todavía no se han aclarado por completo, ahora que Ariel Sharon agoniza inconsciente desde hace meses. Esas incalificables matanzas, indudablemente ejecutadas por algunas unidades de las Fuerzas Libanesas, oscurecieron los asesinatos masivos de civiles cristianos en Damour, el Chouf y otras localidades y territorios de Líbano, a manos de milicianos palestinos, sunitas, chiítas y drusos.

Amin Gemayel y Samir Geagea
Su hermano Amin releva a Bashir en la presidencia libanesa y su primo Fadi Frem en la jefatura de las Fuerzas Libanesas, quien será relevado a su vez por Fuad Abi Nader y, finalmente, por los aguerridos y controvertidos Samir Geagea y Eli Hobeika. El segundo iniciará negociaciones secretas con los sirios, al objeto de terminar con los enfrentamientos armados, lo que provocó el ataque de Samir Geagea contra su cuartel general situado en Karantina el 15 de junio de 1986, donde es sitiado hasta la intervención del ejército libanés, partiendo para el exilio. De esta manera Samir Geagea se erige en líder indiscutible de las Fuerzas Libanesas, emancipándose de la tutela del Kataeb, que carece de un liderazgo fuerte y efectivo; no en vano Amin, una vez finalizada su presidencia, se exiliará fuera de Líbano.
Amin Gemayel cesa como presidente en septiembre de 1988 y nombra primer ministro de un gobierno militar interino al general cristiano maronita Michel Aun (jefe del Estado Mayor), cargo que correspondía a un musulmán sunita. Michel Aun contará con un 40% del ejército libanés, especialmente de su artillería, las milicias de las Fuerzas Libanesas, al menos inicialmente, el apoyo político del Partido Nacional Liberal de Dany Chamoun (años después asesinado por una explosión accionada seguramente por agentes sirios) y el internacional del presidente irakí, el baasista Saddam Hussein.
La Asamblea Nacional se reúne en Tarif (Arabia Saudita) con el objetivo de llegar a un nuevo pacto de reconciliación nacional, alcanzándose tal el 5 de noviembre de 1989, bajo la tutela y presión sirias. Además de un nuevo equilibrio político entre las diversas comunidades (paridad entre musulmanes y cristianos y reducción del número de parlamentarios electos), se acordó el desarme de las diversas milicias, lo que incumplieron los chiítas de Amal y de Hiuzbulá, así como los drusos del PSP. René Moawad será elegido presidente de Líbano, siendo asesinado 17 días después. Es relevado inmediatamente por Elías Haraui.
Con los apoyos antes mencionados, habiéndose creado otro gobierno rival en Beirut oeste, Michel Aun imprudentemente lanzará su denominada “Guerra de liberación nacional” contra Siria, exigiendo a las Fuerzas Libaneses que se integraran en el esfuerzo disolviéndose, a lo que se opone Samir Geagea acaso impulsado por la trama económica en la que se apoyaba dicha milicia. Ello provoca feroces enfrentamientos entre el ejército regular libanés fiel a Aun y las milicias de las Fuerzas Libanesas, siendo derrotadas y desarmadas a finales de 1990 a un alto precio de sangre cristiana.
Poco después, el ejército sirio derrota a Michel Aun, después de sitiar y bombardear el llamado “reducto cristiano” de Beirut este, el 13 de octubre de 1990, refugiándose Aun en la embajada francesa. Al objeto de ahogar la resistencia, el ejército sirio asesinará a más de 700 militares cristianos fieles a Aun en los días siguientes, consolidándose una ocupación que se prolongará durante 15 años.
Los políticos cristianos supervivientes y no exiliados, en su mayor parte aceptarán los Acuerdos de Tarif como única vía para la pervivencia de las comunidades cristianas tras su derrota. También Geagea aceptará el pacto, desarmando a los restos de su milicia. Pero todo ello bajo el “modus vivendi” impuesto por Siria,
En 1994 Samir Geagea es encarcelado, siendo acusado de diversos atentados terroristas, todavía sin resolver, entre ellos los asesinatos de Rachid Karamé (1987) y Dany Chamoun (1990). En este contexto, el gobierno libanés emite un decreto de disolución de las Fuerzas Libanesas, que pervivirán como una fuerza política semiclandestina, sufriendo la represión siria, así como el asesinato, el encarcelamiento de destacados militantes, y la desaparición de otros muchos.
Heli Hobeika, el antiguo dirigente de Fuerzas Libanesas derrotado por Geagea, habiendo regresado a Líbano, se convertirá en un político cristiano pro-sirio, referencia de amplios sectores de las comunidades maronitas. Morirá asesinado el 24 de enero de 2002. Nunca se supo quien accionó la bomba que lo destrozó. Se sospechó que pudiera haberlo ordenado alguno de sus antiguos amigos sirios, quienes lograron así “callarle la boca” ante el riesgo de que confesara, algo de lo mucho que sabía, a los investigadores internacionales de las matanzas de Sabra y Chatila de 1982 y de otros sucesos violentos de la reciente y agitada historia libanesa.

La decadencia del Kataeb
Pierre Gemayel, jefe nominal del Kataeb, muere en 1984. Es sucedido en la dirección del partido por Elie Karameh (1984-1986) y después por George Saade (1986-1988). Munir al-Hajj sucede a Saade, ya en 1999, iniciando una política de aproximación a Siria, de modo que en las elecciones legislativas de 2000 se presenta en una candidatura pro-siria junto al ministro del interior, Michel Murr, y otros destacados dirigentes del Partido Sirio Social Nacionalista. Para suceder a Munir al-Hajj compiten poco después dos candidatos: Amin Gemayel, en Líbano desde julio de 2000, y el pro-sirio Karim Pakradumi, quien triunfó el 4 de octubre de 2001; lo que provocó la escisión del partido.
El boicot preconizado por las formaciones políticas libanesas mayoritariamente cristianas en las diversas elecciones celebradas en los 10 años que siguieron a la derrota de Aun, por considerarlas ilegítimas y controladas por el ocupante sirio, les marginó de los centros de decisión del Líbano actual, salvo a los sectores maronitas seguidores del fallecido Suleiman Franjieh, que sí colaboraron, y del mencionado Heli Hobeika.
El asesinato, tampoco esclarecido, del antiguo primer ministro Rafia Hariri, el 14 de febrero de 2005, además del de otros políticos y periodistas anti- sirios, impulsó la llamada “revolución del cedro”, dirigida contra los ocupantes sirios, y en la que desarrollarán particular activismo los militantes de las Fuerzas Libanesas. En abril de 2005 las tropas sirias terminan de abandonar Líbano. El día 7 de mayo de 2005, Michel Aun retorna a su patria. Su partido político, el Movimiento Patriótico Libre, en coalición con dos pequeños bloques, conseguirá en total 21 diputados en las elecciones legislativas de mayo y junio de 2005, constituyéndose en el grupo más numeroso de las fuerzas cristianas y una de las más potentes de todo Líbano. Fuerzas Libanesas, por su parte, integrante de la coalición anti-siria liderada por el sunita Movimiento Futuro, conseguirá 5 diputados. Su líder, Samir Geagea, fue amnistiado el 18 de julio de 2005.
Partidos políticos mayoritariamente cristianos hoy
Si bien durante décadas el Kataeb aglutinó al sector más numeroso y políticamente decisivo de la comunidad maronita (llegó a alcanzar 80.000 afiliados a finales de los años 70, según fuentes propias), pagó un alto precio que le arrastró a una progresiva decadencia. Su capitidisminuido estado actual está determinado por varios factores: el predominio durante toda confrontación civil de la organización paramilitar y sus exigencias materiales e imperativos tácticos, lo que desembocó en la independencia de las Fuerzas Libanesas del “partido-madre”; los avatares políticos nacionales e internacionales; la permanente distorsión provocada por las intervenciones militares israelíes; el tutelaje del “gran hermano sirio”; la irrupción de nuevas fuerzas políticas lideradas por políticos oportunistas (caso de Michel Aun); la desaparición por diversos motivos de sus líderes carismáticos, antaño aglutinadores de mayores empeños y voluntades.
Todo ello se concretó en la escisión de la organización en dos partidos políticos: el Kataeb libanés liderado por Amin Gemayel (anti-sirio, integrante de la coalición liderada por el Movimiento Futuro, con dos parlamentarios electos en las legislativas de 2005, entre ellos un hijo de Amin llamado como el abuelo), y el dirigido por Karim Pakradouni (con un parlamentario electo en 2005, Nader Surcar, en la coalición pro-siria integrada por Amal, Hizbulá y el PSSN). Puede sumárseles una tercera formación que a “Kataeb” añade la denominación Partido Demócrata Social (liderada por el antiguo dirigente de Fuerzas Libanesas, Fuad Abi Nader).
En esta evolución y decadencia del Kataeb puede observarse que su electorado natural más combativo ha optado por Fuerzas Libanesas. Y, acaso, otros sectores más posibilistas se decidieron por una estrella en alza: el ecléctico, neoliberal y más oportunista Movimiento Patriótico Libre de Michel Aun, que alcanzó un total de 15 parlamentarios encabezando una coalición alternativa a la anti-siria y a la pro-siria, sumándoseles otros 6 parlamentarios.
Encontramos a más cristianos en otras formaciones, conforme los resultados legislativos del 2005: los 2 parlamentarios del Partido Sirio Social Nacional (de las dos iglesias griegas); en las listas del mayoritariamente sunita Movimiento Futuro de Saad Hariri, ganador de las elecciones (con fuerte presencia de las confesiones cristianas no maronitas, con un total de 10 parlamentarios cristianos por 18 musulmanes); en el Partido Socialista Progresista de Walid Jumblat (6 maronitas y 1 greco-ortodoxo, junto a otros 7 drusos); la lista Qornet Shehwan integrada en la mencionada coalición anti-siria (que suma a los 3 parlamentarios maronitas del Partido Nacional Liberal y a los 2 del Kataeb-Gemayel); entre los chiítas de Amal (2 maronitas y 1 griego católico de un total de 15 parlamentarios); y en Hizbulá (1 maronita de un total de 14 parlamentarios). Cristianos son, en su mayoría, los parlamentarios de los otros dos grupos vinculados a Michel Aun, 4 de los 6 del Bloque Elias Skaff, y los dos del Bloque Murr. Señalemos, también, que buena parte de los parlamentarios independientes, presentes en las tres corrientes, son cristianos de las diversas confesiones.
Y, por último, mencionemos que es notable la presencia de cristianos de ideología izquierdista entre los paramilitares de la Brigada Saraya, de Hizbolá, y, especialmente, en el pequeño pero influyente Partido Comunista Libanés.

El puzzle libanés
¿Cómo se explica esa aparente confusión? ¿No se presentan, acaso, como partidos estrictamente confesionales?
Los 128 parlamentarios actuales se eligen por circunscripciones territoriales, asignándose a las diversas confesiones religiosas un número cerrado de representantes en cada una de ellas con criterios de proporcionalidad según el censo de los años 40 del pasado siglo. De esta manera, los diversos partidos deben incluir a miembros de otras confesiones si quieren ganar escaños en territorios ajenos. Pero a pesar de todo ello, si bien añade complejidad al mapa electoral y a las relaciones sociales libanesas, está todavía muy lejos de un Estado aconfesional y plenamente democrático, tal y como reivindican un número creciente de pequeños partidos y sectores sociales (tanto pro-sirios como anti-sirios, cristianos y musulmanes). Lo anterior también debe cruzarse con la poco permeable pirámide económico-social: predominio sunita entre las clases más acaudaladas (existiendo una importante presencia greco-ortodoxa); una comunidad maronita mayoritariamente de clase media; y un predominio chiíta entre los sectores más desfavorecidos.
No es posible –en definitiva- describir fielmente la compleja situación libanesas desde las facilonas dicotomías al uso: la confesional religiosa, la división entre pro y anti-sirios, pro y anti-norteamericanos, pro y anti-israelíes; que no se superponen ni se corresponden en absoluto. Además, la orientación y los juegos de alianzas de las diversas formaciones pueden llegar a ser desconcertadamente cambiantes, dando lugar a sorprendentes compañeros de viaje. Así, los mayoritariamente cristianos del Movimiento Patriótico Libre de Michel Aun y sus aliados (18 parlamentaros cristianos por 3 musulmanes) se coaligaron post-electoralmente con los pro-sirios (28 musulmanes por 7 cristianos); sumando 31 musulmanes por 25 cristianos. Por el contrario, el Bloque Opositor suma 33 musulmanes por 39 cristianos. Ciertamente, la tendencia anti-siria entre los cristianos es evidente, pero no es nada desdeñable la aportación cristiana (especialmente entre los no maronitas) al bloque pro-sirio.
Un difícil e inestable futuro
En cualquier caso, esta sorprendente complejidad social y política de Líbano no debe inducirnos a confusión. Un dato es evidente: la numerosa emigración libanesa es mayoritariamente cristiana, en buena medida impulsada por la consolidación de un clima socio-político progresivamente ajeno a la mentalidad occidental y estilo de vida de los cristianos libaneses. El creciente fundamentalismo islámico, especialmente visible en numerosos barrios y pueblos de todo Líbano, abrumador en muchos supuestos, “ahoga” poco a poco a los cristianos libaneses, quienes temen pagar los “platos rotos” de la actual confrontación Hizbulá-Israel; sabiéndose minoría “tolerada” en un océano musulmán en tempestad.
Sin duda, la actual crisis regional, focalizada en la lucha Israel-Hizbulá, traerá serias repercusiones al Líbano. Aunque Hizbulá sea desarmada, saldrá reforzada políticamente, al haber pulverizado el mito de la supremacía armada israelí; lo que redundará en un previsible avance de los sectores pro-sirios libaneses. Por otra parte, el desarme de Hizbolá podría facilitar la total extensión y consolidación del Estado libanés, que de ser efectivo alejaría de Hizbolá a los sectores sociales que asiste en lugar del Estado y cuya repercusión electoral pudiera neutralizar el reforzamiento moral de los radicales chiítas. En todo caso, nada se ha resuelto de manera definitiva, de modo que los más serios problemas permanecerán; tal vez incluso aumentando la división de los sectores confesionales entre sí, y la de ellos con los incipientes movimientos sociales que reclaman una democracia no confesional, igualitaria y moderna.
Los cristianos forman parte indisoluble del Líbano. Pese a las enormes dificultades sufridas, vienen acreditando desde hace siglos su voluntad de permanencia y supervivencia, que en alguna medida parece estar asegurada por la compleja trama de relaciones sociales que mantienen con las demás comunidades allí presentes (sunitas, chiítas, alawitas, drusos, armenios, kurdos), y con el siempre influyente vecino sirio.
Son previsibles, por último, algunos cambios en el mapa político libanés, especialmente en el campo cristiano. Los vaivenes de Michel Aun, especialmente su pacto con Hasan Nasralá, el héroe de Hizbulá, seguramente le pasarán factura electoral, reforzándose el Bloque Opositor y, dentro del mismo, las fuerzas cristianas más firmes y fieles a sus principios; es decir, el Kataeb de los Gemayel, las Fuerzas Libanesas y el Partido Nacional Liberal. No obstante su débil presencia actual puede ser un importante obstáculo en su lógica recuperación.


Direcciones electrónicas de interés
Opus Libani, portal de internet de la Iglesia católica:
http://www.opuslibani.org.lb/
Lebanese Kataeb, sector Gemayel:
http://www.al-kataeb.org/
Party Kataeb, sector Karim Pakradouni:
http://www.alkataeb.com/
Partido Kataeb Demócrata Social:
http://www.socialdemocratic.org/kataeb/
Fuerzas Libanesas:
http://www.forze-libanesi.com/
Guardianes de los Cedros:
http://www.cedarguards.org/
Movimiento Patriótico Libre:
http://www.tayyar.org/
Partido Nacional Liberal:
http://www.ahrar.org.lb/
Partido Sirio Social Nacionalista:
http://www.ssnp.com/
Hizbulá:
http://www.hizbollah.org/
Partido Socialista Progresista:
http://www.psp.org.lb/
Amal:
http://www.amal-movement.com/
Movimiento de la Renovación Democrática:
http://www.tajaddod.org/
Izquierda Democrática:
http://www.democratic-left.org/
Partido Comunista Libanés:
http://www.lcparty.org/
Grupo Musulmán (Hermanos Musulmanes):
http://www.aicp.org/
Federación Revolucionaria Armenia:
http://www.arf.am/
Partido Social Demócrata Hunchakian (armenio):
http://www.hunchak.org.au/
Cristianos Libaneses:
http://www.cristianoslibaneses.blogspot.com/
•- •-• -••••••-•Fernando José Vaquero Oroquieta